Sobre la Colección José Luis Soler

Colección José Luis Soler

La Colección José Luis Soler es una de las más destacadas colecciones privadas de arte contemporáneo en España. Fundada en 2010 por el empresario José Luis Soler y la doctora en Psicología Susana Lloret, contó desde sus inicios con el asesoramiento del reconocido comisario Vicente Todolí.

Inicialmente conocida como Colección Per Amor a l’Art, adoptó su denominación actual tras el fallecimiento de José Luis Soler, como homenaje póstumo de su esposa, con el objetivo de preservar y poner en valor su legado.

La colección se centra en la fotografía y el arte abstracto desde principios del siglo XX hasta la actualidad, y reúne más de 2.500 obras de 221 artistas internacionales. De vocación claramente internacional, fue distinguida con el Premio “A” al Coleccionismo de la Fundación ARCO tan solo un año después de abrirse al público en el centro de arte Bombas Gens, en reconocimiento a su valor artístico, así como su labor en el apoyo a la difusión del arte contemporáneo.

En 2023, el conjunto de la colección fue reconocido como parte del Patrimonio Cultural Valenciano, incluida como colección de bienes muebles de relevancia patrimonial, en atención a su extraordinario valor artístico y cultural.

Susan Meiselas – Carnival Strippers, 1974

Silvia Bächli – 2012

Helen Levitt – New York, 1940

Edmund Clark – Plate 60. Naval Base Gallery, POW/MIA presentation table, 2013

Regina de Miguel – Rising anxiety, 2019

Colección de Fotografía

La Colección de Fotografía José Luis Soler se ha construido con el propósito de reunir series más que obras individuales, lo que refleja un profundo compromiso con el artista y su obra. Se podría definir como una colección de colecciones, con más de 2.300 obras de 121 artistas nacionales e internacionales, con importantes autores Cartier-Bresson, Walker Evans o Robert Frank. 

En ella, resulta especialmente significativa la colección dedicada a la fotografía japonesa de posguerra con representantes como Ikkō Narahara, Shōmei Tōmatsu, Daidō Moriyama o Ishiuchi Miyako, conformando el conjunto más completo e importante de este periodo fuera de Japón. Destacan también la colección de artistas americanos y europeos de estilo documental, compuesta por la obra de figuras como Garry Winogrand, Walker Evans, Manuel Álvarez Bravo, Helen Levitt, Robert Frank, David Goldblatt o Susan Meiselas. Asimismo, el arte conceptual da lugar a una tercera colección, con obras de Ed Ruscha, Lewis Baltz y los Becher, entre otros, en diálogo con referentes de la Nueva Objetividad alemana como Karl Blossfeldt y Albert Renger-Patzsch. 

Una cuarta colección da cabida a fotógrafos contemporáneos que continúan y reinventan este lenguaje visual, entre ellos Yto Barrada, Xavier Ribas, Ian Wallace, Bleda y Rosa, Jochen Lempert o José Guerrero. 

Colección de Arte Abstracto

La Colección de Arte Abstracto José Luis Soler cuenta con 295 obras de 58 artistas, tanto nacionales como internacionales. La colección representa las distintas corrientes dentro de la abstracción contemporánea conformando un valioso testimonio del arte abstracto desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad. De carácter internacional, en su alcance y ambición, se trata de una de las colecciones de arte contemporáneo más singulares de España. 

En relación a la pintura, la obra de Esteban Vicente ocupa un lugar destacado en la colección al ser figura clave del expresionismo abstracto en España. Su trabajo convive con el de otras importantes figuras como Juan Uslé, Gordillo, José María Sicilia, Regina de MIguel o Luis Claramunt, entre los autores nacionales, y a nivel internacional con la obra de Irma Blank, Heimo Zobernig e Anna-Eva Bergman, entre otros. 

La dimensión escultórica e instalativa está representada por autores que exploran la materialidad, la percepción y el espacio expositivo como Cristina Iglesias, Susana Solano, Juan Muñoz, Teresa Lanceta, Inma Femenía, Jorge Peris, Pedro Cabrita Reis o Sheela Gowda. 

Nuestra manera de compartir

El legado de una persona extraordinaria
Susana Lloret

«Esta colección se hizo con el propósito de reunir obras de singular valor y reconocida calidad para ser compartida de forma altruista con tantas personas como fuera posible, precisamente para cultivar la sensibilidad y mostrar que el arte nos puede tocar el alma a todos, si le damos la oportunidad.»

I. COMPARTIR

José Luis Soler Vila (1956-2024). Comprometido, emprendedor, visionario, generoso y coleccionista.

Le podría definir de muchas maneras, pero como más me gusta hacerlo es como una persona sencillamente brillante. Visionario y valiente. Empresario con valores, emprendió con éxito. Pionero en España con una fábrica que todavía es la referencia en el sector. Innovando y con sentido de responsabilidad, buscó alternativas que hicieran sostenible la industria. Y también decidió invertir en el bienestar de los demás. Sus valores le llevaron a comprometerse con su entorno, con su ciudad y con su gente de muchas maneras diferentes. Nunca quiso que nada llevara su nombre, aunque todo llevara su impronta.

Por eso, ahora es justo dar a su legado el nombre que le corresponde: el suyo.

No dejó muchas palabras porque no quiso protagonismo. Pero insistí hasta que conseguí que escribiera el “por qué” de la colección, de la fundación y del centro de arte, como prólogo del catálogo de la exposición ¿Ornamento=delito?, la primera de la colección, con la que inaugurábamos el centro de arte que habíamos creado: Bombas Gens Centre d’Art. Era el centro de arte de la Fundació Per Amor a l’Art, nuestra fundación, con la que canalizamos nuestro impulso por compartir.

La ocasión lo merecía.

Me cuesta creer que esté en disposición de escribir sobre el significado y los porqués que me han llevado a esta situación; son muchos y ninguno en concreto. Desconozco la razón y creo que nunca la sabré; un cúmulo de casualidades.

Encuentros con personas que despertaron inquietudes, sensibilidades hacia cosas distintas de las que hago todos los días. Un profesor de literatura me habló de Beckett. Yo no entendía lo que decía, pero memoricé los textos para poder interpretarlos.

Guitarras y voces de amigos que pensaban que podrían cambiar muchas cosas que casi continúan igual. A mis veinte años apareció también un artista que quería que captara la grandeza de Tàpies. Tampoco lo consiguió.

Todo eso y muchas otras casualidades y personas trataron de despertar en mí y en otros la sensibilidad por el arte.

Es posible que, al no ser actor, ni músico, ni artista, haya desarrollado de otra manera la necesidad de transmitir la sensibilidad hacia el arte.

Hoy, de repente, inauguramos un espacio descubierto por casualidad, presentando una colección que todavía no estoy seguro de entender e impulsando un proyecto de ayuda a personas que la necesitan.

Todo empezó tal y como lo cuento. Cómo acabará no lo sé.

Creo que bien, porque los que me acompañan piensan de forma parecida a como pienso yo y me ayudan a llevar el proyecto hacia adelante.

Lo que hay aquí forma parte de mi presente, del descubrimiento de un secreto que muchos practican —y tienen la suerte de hacerlo—: compartir.

Gracias a todos.
José Luis Soler

II. COLECCIONAR

José Luis nunca explicó cuándo empezó a coleccionar, porque es como tratar de explicar cuándo empiezas a respirar… o a amar. Uno no “empieza a coleccionar”. Uno se enamora del arte.

Sucede —al menos a nosotros nos pasó así— que nos enamoramos del arte. Empezamos a viajar recorriendo ferias de arte, galerías y museos.

Disfrutábamos descubriendo esas piezas que, de una manera u otra, nos tocaban el corazón o el alma.

Así que la colección no fue el objetivo. Fue el resultado.

El resultado de seguir ese impulso de crear algo personal, singular y valioso, al servicio de la sensibilidad hacia el arte, y en las antípodas del mundo de la empresa. “Por amor al arte”, porque sí, sin esperar nada a cambio, nada excepto el placer de compartir.

Así que, si tengo que decidir en qué momento pensamos en términos de “colección”, fue en el momento en que dejamos de pensar en nosotros. Fue en el momento en que descubrimos que queríamos seguir adelante reuniendo más piezas no solo por nuestro amor al arte, sino con el propósito de descubrir a tantas personas como fuera posible esa magia del arte que nosotros ya habíamos descubierto. Y romper ese prejuicio que nos susurra que solo podemos acercarnos al arte si somos entendidos. Nada de eso. Para emocionarse con el arte solo necesitamos una cosa que todos tenemos: nuestra sensibilidad. Pero es que el arte es así. El encuentro de la sensibilidad de cada uno con la obra que todos ven produce resultados tan íntimos como personales. Todos miran la misma obra, pero ninguno ve lo mismo que los demás…

Esta colección se hizo con el propósito de reunir obras de singular valor y reconocida calidad para ser compartida de forma altruista con tantas personas como fuera posible, precisamente para cultivar la sensibilidad y mostrar que el arte nos puede tocar el alma a todos, si le damos la oportunidad.

Susana Lloret

Del compromiso personal al patrimonio común
Vicente Todolí

«Más allá de las obras, lo que hemos construido es una forma de estar en el arte: comprometida, abierta y generosa, que refleja la personalidad y las inquietudes filantrópicas de su fundador.»

La colección de José Luis Soler, antes conocida como Per amor a l’art, nace del compromiso con el arte entendido no como adorno ni inversión, sino como una forma de conocimiento. Desde nuestro primer encuentro, cuando aún dirigía la Tate Modern, percibí que no se trataba de una propuesta de colección más. Había en José Luis una voluntad sincera, una visión a largo plazo y una idea clara: construir algo duradero, accesible y con sentido.  

En un principio, José Luis se sentía atraído por la pintura abstracta. Su pasión por el arte la despertó una exposición del artista abstracto Esteban Vicente, perteneciente a la generación de la pintura del Expresionismo Abstracto americano, que vio en 1987 en Madrid y de la que yo había sido comisario. Era un buen punto de partida, pero le hice ver que una colección que aspire a perdurar debe mirar más allá. Decidimos ampliar el enfoque y apostar por la fotografía (en aquellos momentos aún era posible hacer grandes adquisiciones fotográficas por un precio moderado), especialmente series, muchas veces concebidas como libros. Así, pieza a pieza, serie a serie, fuimos construyendo una colección con una estructura y personalidad propias, donde la pintura, la fotografía y otros lenguajes dialogan con libertad y profundidad, en tensión y armonía.  

Mi implicación fue siempre más allá del asesoramiento. Puse condiciones: las obras no podían venderse y la colección debía mantenerse abierta al público. José Luis no solo las aceptó, sino que las hizo suyas. Esa actitud cristalizó en Bombas Gens Centre d’Art, en Valencia, un espacio cultural y social nacido de la rehabilitación de una antigua fábrica de bombas hidráulicas. Un centro vivo donde el arte dialogaba con el patrimonio y la comunidad.  

Encargamos la restauración del edificio en ruinas a la arquitecta Annabelle Selldorf, amiga desde hacía muchos años y especialista en rehabilitar edificios históricos para su uso como centros de arte, que en ese momento estaba involucrada en la adaptación de los edificios industriales de la Luma Foundation en Arles como centro de exposiciones.  

José Luis y Susana Lloret, su esposa, viajaron a Nueva York para encargarle el proyecto.  Él no hablaba ingles, y ella tampoco con mucha fluidez, pero las fotografías de la antigua fábrica abandonada y el uso como centro de arte que se le quería  dar fueron suficiente para que se decidiera a venir a Valencia a conocer el proyecto. Cuando vio el edificio, obra del arquitecto Cayetano Borso di Carminati,  ya no tuvo dudas, a pesar de su estado ruinoso. Jose Luis y Susana se implicaron profundamente en todo el proceso de restauración. Salvar un edificio histórico siempre había sido uno de los objetivos. 

Se diseñó un programa de exposiciones y actividades en torno a la colección: cada año se presentaría con un formato de exposición temática en una mitad del edificio, mientras que la otra acogería dos exposiciones individuales de artistas representados en la colección. Para ello se creó un equipo dirigido primero por Nuria Enguita y después por Sandra Guimarães, dentro de una estructura presidida por Susana Lloret. Durante las obras de restauración se halló una bodega del siglo XV, que se decidió preservar, al igual que el refugio de la Guerra Civil, ambos visitables. También se creó un jardín con un estanque, obra de la artista Cristina Iglesias.  

Hoy, ese proyecto evoluciona hacia un nuevo territorio: el digital. La colección se abre ahora al mundo a través de una plataforma virtual que permite explorarla con libertad, establecer recorridos personales e incluso imaginar exposiciones. Una herramienta viva que mantiene intacto el espíritu de la colección: compartir conocimiento, generar diálogo, dar lugar a nuevas lecturas y hacer del arte un bien común.  

Trabajar junto a José Luis en este recorrido ha sido una experiencia estimulante y única. Más allá de las obras, lo que hemos construido es una forma de estar en el arte: comprometida, abierta y generosa, que refleja la personalidad y las inquietudes filantrópicas de su fundador. Un legado en movimiento.